A nivel local que la radio continúa ayudando a construir, y a la vez a hacer funcionar, comunidades. Y algunas están tan claras de su papel, que se denominan a ellas mismas "comunitarias". A su manera, ayudan a construir ciudadanía. Y por ello son fundamentales para la democracia. Yader Luna recorrió el país en busca de algunos ejemplos destacados.
Una nación, sostiene el cientista político norteamericano Benedict Anderson, no es sino una comunidad imaginada.
"Los miembros de incluso la nación más pequeña jamás van a llegar a conocer a la mayoría de sus conciudadanos, encontrarlos, o incluso escuchar de ellos. Y sin embargo, en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión", explica.
Esa "comunión" es en buena medida posible gracias a los medios de comunicación. Y por ende la radio ha jugado un papel fundamental en la construcción de lo nicaragüense.
Efectivamente, mucho de lo que hemos compartido a lo largo de la historia lo hemos podido compartir gracias a la radio.
Durante décadas, sus noticieros, novelas, transmisiones deportivas, canciones y programas emblemáticos como Pancho Madrigal les dieron a nuestros padres y abuelos un territorio simbólico común en el que reconocerse como nicaragüenses, además de información útil para negociar los azares de la vida cotidiana.
Y en esta época de Twitter, Facebook, iPods y YouTube, por más que la televisión reine suprema entre los políticos y anunciantes, la radio sigue haciendo lo mismo.
De hecho, por alcance, la radio todavía es el medio de comunicación más importante de Nicaragua: el único al que pueden acceder los pobladores de las zonas más aisladas, así como los miles de nicaragüenses a quienes les falta la electricidad para hacer funcionar una televisión o el dinero para comprar un diario.
Y con unas 279 emisoras transmitiendo a lo largo y ancho del territorio nacional, no faltan ejemplos de buena radio.
Es, sin embrago, sobre todo a nivel local que la radio continúa ayudando a construir, y a la vez a hacer funcionar, comunidades. Y algunas están tan claras de su papel, que se denominan a ellas mismas "comunitarias".
Apuestan por una forma de hacer y entender la radio que no podría ser más diferente de la apuesta política o comercial de las principales emisoras de Managua.
A su manera, ayudan a construir ciudadanía. Y por ello son fundamentales para la democracia.
Una risa estridente y un vidrio rompiéndose a las cinco y veinte minutos de la mañana son la evidencia de que Radio Palabra de Mujer ya empezó a transmitir.
¿Y qué mejor motivo para madrugar que la voz chillona de esa mujer, que todas las mañanas se hace pasar por bruja en este pequeño poblado, ubicado a unos 230 kilómetros de Managua?
Ella se llama Jamileth Chavarría, y su popular y polémico programa, La Bruja Mensajera.

Hoy inició algo tarde, porque a la persona que debe encender el transmisor ―ubicado a unos cuatro kilómetros de la emisora― se le pegaron las sábanas.
Más tarde tengo la oportunidad de conversar con La Bruja y la hago rememorar sus aciertos y desconciertos.
Luce segura y contenta al hablar de su labor, como la voz de las mujeres que sufren de golpes y maltrato psicológico por parte de sus maridos.
Llegar hasta este caserío de calles descompuestas requirió de varias horas de viaje, en las que tuve que tomar tres buses diferentes; pero el esfuerzo valió la pena.
Es un privilegio platicar con la mujer que, aún con el frío de la mañana, se transforma en la voz que denuncia, protesta y no puede callar.
Y aunque este pequeño pueblo y esta pequeña radio seguramente le resultan desconocidos a la mayoría de los nicaragüenses, el 10 de junio del 2005 la organización británica One World Broadcasting Trust le concedió a Radio Palabra de Mujer un premio internacional en reconocimiento a su destacada labor en la defensa de los derechos de las mujeres y la ecología. En un lugar donde golpear mujeres y destruir el ecosistema es el pan de cada día.
La radio fue fundada a finales de 1998, por un grupo de mujeres que trabajaban en la Casa de la Mujer de este municipio.
Y la programación de esta emisora está repleta de los temas más sentidos por la población femenina, como violencia intrafamiliar, mortalidad materna, educación sexual, aborto terapéutico, etc.
Hasta la fecha continúan capacitando a las mujeres ―y algunos hombres― sobre estos temas a través de la radio, que está ubicada en una pequeña casa arriba de una colina, y otras actividades organizadas por la Casa de la Mujer.
Según Carolina Medina, la directora de la emisora, a pesar de las críticas de los hombres y de algunas mujeres machistas, poco a poco han logrado ir creando conciencia sobre la igualdad de los sexos.
“También hemos enseñado de alguna manera que la violencia no es tolerable hoy en día y que las mujeres valemos”, sostiene.
La radio se mantiene con la cooperación de diversos organismos. Y como en este poblado no existe la telefonía, mucho menos la Internet, las personas llevan personalmente sus cartas hasta la emisora.
Esta cobra cinco córdobas por transmitir sus anuncios, algo que bien podría equivaler a lo que gastan en Managua en realizar una llamada a su radio predilecta.
Las cosas, sin embargo, no son color de rosa.
Las mujeres de la radio, y la emisora misma, han sido amenazadas por algunos de los hombres que han sido sujeto de denuncia.
Y a veces, confiesan, sienten que están nadando en contra de la corriente.
Pero este grupo de mujeres se declara dispuesto a seguir luchando.
Palabra de mujer.
Con una sonrisa y mirada alegre, Edgar Daniel Castillo manda saludos a unos adolescentes que no lo pueden ver, pero lo escuchan.
Tiene 18 años y lleva diez como locutor de la emisora esteliana Radio Cumiche. Y aún recuerda cuando llegaron a su escuela a invitarlos a participar en el proyecto.
“Nos llegaron a buscar y a mí me gustó mucho la radio, porque sentía que podía expresarme y me iban a escuchar en mi casa y en la escuela”, cuenta.
Mientras recorremos juntos las calles de "El Diamante de las Segovias", me explica lo apasionante que ha sido la experiencia para él.
En todos estos años ha aprendido a ser locutor, controlista, guionista y a producir viñetas radiales.
Al principio, los niños y niñas van jugando a aprender, y terminan aprendiendo. Ya luego pueden enseñar a los futuros prospectos de esta emisora singular.

La radio nació en 1991, inspirada en un programa de media hora dedicado a la defensa de los derechos de la niñez y la adolescencia, que se transmitía originalmente en Radio Liberación.
Y ahora es parte de un proyecto que también va mucho más allá de la emisora: la Asociación de Movilización y Comunicación Social Los Cumiches, que desarrolla capacitaciones y talleres en pro de los derechos de la niñez y de la adolescencia.
Jorge Contreras se integró a Los Cumiches casi al mismo tiempo que Edgar, porque siempre “andaba metido en cosas de arte”.
“Nosotros ahora somos una familia y podemos además platicar entre nosotros y con adultos sobre temas que nos interesan, sin miedos y sin pena”, cuenta.
Leandro Rosal Rodríguez, por su parte, fue invitado por un amigo para hablar de deportes en la radio cuando recién cumplía 14 años.
El deporte era su pasión por esos días, pero al poco tiempo el adolescente también se interesó en conocer sobre otros temas que a veces son tabúes para la gente de su edad.
“Fui aprendiendo, y lo sigo haciendo, sobre las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos, derechos de la niñez y muchos otros temas que no se enseñan en la escuela ni en la casa”, dice Leandro.
Orgulloso comenta que su hermano mayor a veces le pide consejos sobre temas de sexualidad. Incluso lo ha orientado sobre la no discriminación hacia las personas homosexuales.
Y lo importante es que en esta asociación no solamente trabajan con los “chateles”, sino que también invitan a sus padres para que vayan conociendo sobre el tema y a sus hijos.
Según Jorge, el "clic" de ellos para que los oigan los chavalos es hablarles en su lenguaje, pero sin vulgaridades.
“Que ellos no crean que nosotros somos los másteres hablando de todos los temas, sino que entre todos nos vamos informando”, indica.
Los chavalos también participan en las visitas a los centros escolares de Estelí que tienen como propósito captar nuevos talentos.
Actualmente hay 10 niños y niñas en proceso de capacitación y más de alguno talvez siga las huellas de Rafael Raudez, quien ya tiene 28 años y un programa musical que se transmite los fines de semana.
Es uno de los “cumiches” mayores, que nada más tenía diez años cuando llegó por primera vez a cantar a la radio.
“En todo ese tiempo aprendimos a sensibilizarnos sobre temas delicados como la violencia y el trabajo infantil; pero sobre todo a saber que aunque seas niño podés incidir en una mejor sociedad”, recuerda.
La música caribeña se escucha por las calles de la ciudad. El ritmo contagioso atrapa al que camina por las calles de Bluefields. Las sonrisas de la gente hacen olvidar el abandono en que vive la Costa Caribe.
En el mercado se oyen las canciones de Bob Marley, pero también abunda la venta de discos piratas de cantantes de rock, pop y reggaetón.
En el puerto, en una mezcla de inglés y español, los propietarios de pequeñas embarcaciones ofrecen viajes a los municipios cercanos a esta ciudad.
Y desde el 2001, Radio La Costeñísima es parte de este paisaje sonoro.

Es, sin duda alguna, una de las principales radios de Bluefields.
Se puede escuchar en las calles, en las casas y en hoteles. La población da referencias inmediatas de ella, están familiarizados con la emisora.
Según su director, Sergio Léon, la radio nació para llenar el vacío musical e informativo que en su opinión no lograban colmar las otras radioemisoras de ese sector del país.
Para León, la mayoría de radios de Bluefields estaban parcializadas entre liberales y sandinistas, y su agenda informativa era a favor y en contra de uno de los partidos. Y La Costeñísima se propuso romper esos esquemas.
Con su agenda propia, sus denuncias y su sentido social, llegó para cambiar el horizonte para los oyentes costeños, acostumbrados al servilismo por un lado y la crítica destructiva por el otro.
Y aunque algunos consideran que la radio actualmente puede ser calificada de antisandinista o de oposición, León la reivindica como un medio que se caracteriza por un marcado compromiso con sus oyentes, que no tiene problema en denunciar al Gobierno, pero tampoco en reconocer sus méritos.
El director de La Costeñísima habla de la radio como un padre de su hija. Con orgullo, pero a la vez con mucho realismo.
Está consciente de las limitaciones económicas que impiden tener una mayor cobertura de las noticias de la Costa Caribe.
Las dos emisiones de su noticiero se escuchan en casi toda la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), aunque no puedan tener siempre noticias de todas sus ciudades.
Por eso, entre sus planes, está ampliar su red de corresponsales y poder movilizarse por sus municipios.
León está consciente de que hoy por hoy la radio sigue siendo el principal medio de comunicación para los pobladores costeños.
“En un lugar donde el 85 por ciento de la población no tiene energía eléctrica, la radio es su principal aliada”, asegura.
Y es que en muchas zonas alejadas de Bluefields no hay energía, ni señal de televisión. Pero gracias a la radio, con un par de pilas, ¡listo!: pueden estar totalmente enterados de lo que pasa a su alrededor.
Más cuando las transmisiones se hacen en español, inglés y un poco de miskito.
“La radio llega donde no llega ningún otro medio”, dice León.
Por eso, esa cajita que emite sonidos es un tesoro para muchos costeños.
Cargada de programación nacional, es sin duda la radio comunitaria más fuerte del sur de Nicaragua. Toda una referencia en cuanto a medios de comunicación alternativos, a pesar de ser una de las más jóvenes.
Nació en febrero del 2002, fundada por el misionero Santiago Giroux y bajo el mandato de “darle importancia a las personas”.
Eso es, precisamente, lo que la hace comunitaria. “La radio está enfocada en las personas, en serviles, ayudarles, darles participación”, me dice su director, Denis Gaitán.
A diferencia de las radios comerciales, La Naindameña no se rige por los principios del mercado. No está en el dial para atraer a muchos oyentes para venderles algo, sino para aportarles algo en su vida diaria.
“Nosotros existimos para dar a las personas un sentido de identidad local, ayudarles a escucharse a sí mismas”, comenta Gaitán.
Por ello, su noticiero abunda en los acontecimientos que se producen en Nandaime y sus 79 comunidades.
Ocho jóvenes periodistas se encargan de demostrar que en cada rinconcito puede existir noticias, por más que estas sean ignoradas por los grandes medios de comunicación.

La radio también es bastante nacionalista. Muestra de ello es que cada media hora suenan un tema de un artista nicaragüense.
Según su director, se mantienen de donaciones y del trabajo del Centro Comunitario al que está asociada la emisora. “La publicidad cubre menos del 50 por ciento de los gastos”, asegura.
Y es que la radio mantiene precios bajos para la publicidad, para que los pequeños negocios locales puedan beneficiarse.
Además, protegen a sus oyentes, pues no presentan publicidad de cigarrillos ni licores, porque para la Radio La Nandaimeña lo primordial no es enriquecerse, sino aportar a la educación y cultura de la población que los escucha.
Entre sus programas están el de música nacional Maracas; uno hecho por adolescentes nandaimeños llamado Caritas del Presente; Nuestro Trajín y Plantando el Futuro, que trata sobre la defensa del medio ambiente.
Son las dos y quince de la mañana. Las calles de Matagalpa lucen desoladas, pero no tengo sueño.
“¿Me podés poner la canción Palabritas, de Johan?”, le pide una muchacha al locutor de turno de Radio Stereo Yes. Este la complace inmediatamente y ella empieza a disfrutar de su música.
La joven de voz ronca, el locutor y yo formamos parte del Club de los Desvelados, uno de los programas con más oyentes de esta radio, que hace rato dejó de ser una emisora local.
Todos los que no pueden pegar los ojos entre las 11:00 de la noche y las 3:00 de la mañana pueden sintonizarlo.
Stereo Yes tiene 16 años de haber sido fundada por el trotamundos Salvador Mendoza. Un hombre que, por lo que veo en las fotos que adornan las paredes de la emisora, tenía mediana estatura y pelo largo; un medio hippie que aprendió de radios en Cuba.
Hoy la radio es manejada por Carlos Mendoza, quien dice que su fallecido hermano siempre soñó con tener una radio que apoyara a la educación de los demás.
La Yes no es, sin embargo, una radio comunitaria, aunque combina un perfil comercial con una apuesta social.

Es la radio más potente del norte de Nicaragua y tiene un declarado perfil sandinista, lo que sin embargo no le ha restado credibilidad ni atractivo entre el público de todas las edades.
“Tenemos simpatía con el sandinismo, pero eso no nos impide criticar cuando lo tenemos que hacer”, dice Mendoza. Agrega que los contactos y el poder de la radio les facilitan servir de intermediarios entre los oyentes y las autoridades.
Por ejemplo, cuando falla el servicio eléctrico en algún lugar se comunican primero a la radio para que les resuelvan más rápido su problema.
Pero de lo que está más orgulloso es de haber sido la primera radio de Nicaragua en impulsar una campaña de alfabetización a través de las ondas hertzianas, con su programa Nueva Esperanza, mucho antes que el Gobierno lanzara el Programa de Alfabetización Yo sí puedo.
Gracias a Nueva Esperanza, muchos campesinos norteños pudieron aprender a leer y escribir a través a un método que incluía una cartilla, una reunión semanal de afianzamiento con un facilitador y escuchar las lecciones diarias en la radio. Estas se transmitían a las cinco de la mañana y a las cinco de la tarde.
Según Mendoza, el método resultó muy efectivo y económico. Así pudieron alfabetizar alrededor de seis mil campesinos a un costo de 23 dólares cada uno, y gracias al apoyo del Banco Mundial, la Unesco y algunas alcaldías norteñas.
(Este trabajo fue posible gracias al apoyo de la Fundación Heinrich Böll)
Radios locales en Nicaragua. Una situación difícil.
"La escasez de anuncios locales, la ausencia de publicidad estatal y de agencias publicitarias tienen a las emisoras locales en una situación difícil. Ante la necesidad de obtener recursos económicos para sobrevivir, la venta de espacios a quienes los compren ha sido la tónica de los últimos tiempos, aún y cuando hay consciencia de lo enajenante de parte de esa oferta (pastores, brujos, esotéricos, etc). Y si bien el origen de las radioemisoras locales estuvo encaminado a facilitar la participación ciudadana activa, el tiempo y las circunstancias se han encargado de desviarlas de los verdaderos temas de interés de sus audiencias".
Tomado del Diagnóstico Preliminar de Medios de Comunicación Locales en Nicaragua, Centro de Investigaciones de la Comunicación (Cinco), 2008.
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