En octubre del año pasado varios medios reportaron cómo los habitantes de las comunidades aledañas a las playas, donde año con año desovan miles de tortugas, pidieron que que se les permitiera recoger y vender sus huevos para poder subsistir. ¿Es que acaso la conservación de los recursos naturales
es un lujo que los más pobres no se pueden permitir?
Para averiguarlo, Sergio Cruz, viajó a Chacocente, donde además pudo ser testigo de uno de los espectáculos naturales más asombrosos de Nicaragua.
Chacocente.- Este es el mejor lugar del mundo que unas 50 mil tortugas de la especie paslama encontraron para depositar los huevos de su descendencia.
Año con año, estas arriban entre los meses de julio y enero a esta playa de Carazo para sembrar unos 6 millones de huevos.
El número parece alto, pero la verdad es que sólo uno de cada diez huevos verá nacer una tortuguita, y sólo una de cada cien nacidas vivas llegará a la edad adulta.
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Las afortunadas regresarán todos los años al lugar de su nacimiento, para intentar perpetuar así un ciclo que empezó hace milenios, pero que cada vez está más amenazado por la actividad humana.
Por eso, mientras recorro Chacocente en un ventoso día de diciembre, no puedo dejar de pensar que se trata de una responsabilidad y un privilegio.
Después de todo, en la costa del pacífico del continente americano sólo existen siete playas como esta, santuarios de una especie en peligro de extinción.
Por eso me alegra encontrar la costa libre de basura y constatar que, en vez de fortalezas de concreto, la orilla está poblada de árboles centenarios que miran hacia el mar, como centinelas.
En el aire flota un olor penetrante a vida marina.
La playa se muestra tal como es: bella, seductora, misteriosa.
Y entonces me acuerdo de un chiste que siempre me ha causado más tristeza que risa:
Dicen que Dios estaba haciendo el mundo y cuando le tocó el turno a Nicaragua le puso lagos exuberantes, volcanes majestuosos, bosques interminables, fauna abundante y diversa... en fin, le estaba dando a nuestro país un poco de todo.
San Pedro observaba incómodo lo que le parecía un exceso y entonces preguntó:
"Señor, ¿No crees que se te pasó la mano? ¿No son esas demasiadas maravillas para un solo país?”.
Dios lo quedó viendo con una mirada que sugería que no tenía sentido cuestionar sus decisiones, y así le respondió: “No te preocupés. Para compensar, vas a ver la gentecita que le voy a poner. Lo van a hacer m…”.
El espectáculo empieza cuando se apaga la luz del sol y se encienden las estrellas en el cielo oscuro e inmenso.
El oleaje constante del mar le sirve de banda sonora y el perfume marino, penetrante, satura los pulmones de todos los que nos hemos congregado en la playa este domingo 6 de diciembre.
El Refugio de Vida Silvestre de Chacocente tiene 11 kilómetros de costa, pero la mayoría de las tortugas ―en esta oportunidad, unas 700― convergen en una franja de unos mil 500 metros.

A la luz de la luna podemos observar cómo salen del mar, al final de un viaje de miles de kilómetros por el océano Pacífico.
Se nota que vienen cansadas. Sus movimientos son pesados. La luna refleja su luz en los caparazones húmedos que se mueven como espejos en la costa.
Y a dos metros de una de ellas, puedo observar la forma en que construyen sus nidos.
Hay muchas más alrededor, cada una haciendo lo mismo: abriendo con sus aletas traseras un hoyo que calculo puede tener unos 50 centímetros de profundidad.
Para ello, emplean las aletas como una especie de cuchara, que les permite extraer la arena húmeda y tirarla a la orilla.
El proceso parece cansado. Las oigo resoplar. Por momentos me parece que tienen prisa por expulsar lo que cargan en sus entrañas.
Cuando al fin la tortuga calcula que el agujero ya tiene la profundidad requerida, se acomoda en el nido y se dispone al desove.
Levanta la cabeza y respira profundo cada vez que expulsa una pequeña ráfaga de huevos.
Luego descansa unos minutos para continuar hasta terminar su tarea.
Por momentos me parece notar lágrimas en sus ojos y una expresión de dolor y angustia en su rostro.
Cuando termina, recubre de arena el nido, y lo golpea con todo el peso de su cuerpo para que esta se asiente.
Después se mueve alrededor, nivelando con sus aletas los túmulos de arena, intentando camuflar su nido de sus múltiples depredadores, antes de partir de nuevo hacia el océano.
Regresará el próximo año, si acaso tiene la suerte de escapar de las redes de los pescadores que, mar adentro, no dudarían en abrirle las entrañas y extirparle los huevos, para luego tirar su cuerpo destapado al mar.
Y esta misma noche, en esta misma playa, también puedo ver en acción a otros dos depredadores:
Mientras las tortugas cavan, hay zopilotes que esperan que por accidente desentierren los huevos que otras tortugas enterraron en días anteriores, para comerlos.
Mucho más dañinos que los zopilotes, sin embargo, son los seres humanos.
Y los soldados del Ejército acaban de capturar a un saqueador, que permanecía escondido en la vegetación.
La mayoría de los “hueveros”, como se les dice a los saqueadores de los nidos, son personas que viven en las comunidades aledañas al refugio, o bien en El Astillero, un pueblo de pescadores ubicado a unos 5 kilómetros del sitio de anidación.
El que fue capturado esta noche es un menor de edad.
Y el coordinador de los guardabosques de la reserva, Faustino Obando, me explica que, por esa causa, no pueden iniciar ninguna acción legal contra él, a pesar de ser reincidente.

Pero además, antes de emitir un juicio sobre este chavalo, habría que preguntarse qué otra cosa podría hacer para ganarse la vida en esta zona aislada de la costa del Pacífico de Nicaragua.
Muchos habitantes de las comunidades aledañas sienten que los esfuerzos de conservación les han dificultado el acceso a un recurso que puede ayudarles a generar algunos ingresos, en un contexto en el que no abundan las oportunidades.
El consumo indiscriminado de huevos de paslama ha llevado a una especie que poblaba la Tierra mucho antes de la aparición de los seres humanos al borde de la extinción, pero en esta zona muchas familias tienen que lidiar a diario con preocupaciones mucho más inmediatas.
Así, según una nota publicada en La Brújula en octubre del año pasado, durante una reunión entre autoridades ambientales y habitantes de las comunidades aledañas al Refugio de Vida Silvestre de La Flor, en el departamento de Rivas, los "hueveros" se justificaron aduciendo que el desempleo en la zona superaba el 70 por ciento.
Según reportes periodísticos, su planteamiento era que su propia supervivencia era "más importante que la de las tortugas".
Y Edgard Enrique Villagra, quien pertenece al Gabinete del Poder Ciudadano de El Astillero, me relata que en una reunión celebrada el 27 de octubre pasado entre la comunidad y la Ministra del Marena, Juana Argeñal, ellos también le solicitaron permiso para seguir saqueando una parte de los nidos.
Su respuesta fue que “no se podía en este momento, que tal vez el próximo año”, me dijo Villagra.
Aunque, para ello, la funcionaria tendría que desconocer la Resolución Ministerial 43-2005, aún vigente, que prohíbe expresamente la colecta, transporte y comercialización de huevos de tortuga.
“Todas las especies de tortugas marinas se encuentran en peligro de extinción y en este momento la extracción de huevos de tortugas en Nicaragua es ilegal todo el año”, se lee en dicha resolución, aprobada en el 2005 y ratificada en el 2007.
Pero la triste realidad es que la existencia de esta y otras disposiciones legales no ha bastado para proteger a las tortugas que llegan a desovar a Nicaragua.
Efectivamente, una mezcla de falta de capacidades, corrupción, y cierta permisividad "justificada" por la precaria situación en la que viven muchos "hueveros", ha hecho de la ley simple papel mojado.
Y, según el director de la ONG Fauna y Flora Internacional, José Urteaga, el saqueo de huevos durante los primeros tres meses de la temporada de desove alcanzó niveles "dramáticos".
Creer que, a cambio, la situación de los pobres que habitan en la vecindad del refugio logró mejorar aunque fuera algo es, sin embargo, llamarse a engaño.
Porque en realidad los pobres no son quienes más se benefician de este comercio ilegal.
Tampoco son sus principales responsables.
La matemática es simple y demuestra que la depredación del refugio no es rentable para los que viven ahí.
Los intermediarios les pagan la docena de huevos a 5 córdobas, para luego vendérsela a 40 a los consumidores finales.
Y en los restaurantes, la docena de huevos de paslama "con chile y yuca" se vende hasta en 100 córdobas.
Al final, son otros quienes se quedan con los mayores ingresos.
Y los "hueveros", por cinco pesos, están hipotecando su futuro y el de las comunidades.
Al mismo tiempo, esta perversa cadena existe porque existe una demanda.
Por eso, en el 2007, varias organizaciones ambientalistas decidieron realizar una campaña nacional cuyo lema era determinante: “Yo no como huevos de tortuga”.
La misma tenía como propósito concientizar a los consumidores, pues muchos de ellos ni siquiera sabían que las tortugas paslama se encontraban en vías de extinción.
Según el director de Fauna y Flora Internacional, José Urteaga, dos años después las encuestas indican que “la población sabe que es prohibido consumir huevos de tortuga, pero aún así lo siguen haciendo".
Y el mejor símbolo de esta contradicción tal vez sea la foto publicada en los principales diarios del país, en la que se veía a un grupo de prominentes diputados degustando huevos de tortuga, luego de una reunión en León.
Curiosamente, la foto ayudó mucho a una campaña, pues le dio más fuerza en los medios de comunicación.
Esta, en opinión de Arteaga, ha sido positiva, aunque reconoce que aún falta mucho trabajo.
"Todavía hay que hacer más para que la gente deje de consumir huevos de tortuga”, afirmó.
Otro esfuerzo importante debe ser ayudar a las comunidades a beneficiarse más de los esfuerzos de conservación, para convertirlas en aliados.
Esa es, en cualquier caso, la opinión de Mario Espinoza, delegado del Marena en Carazo.
“Hay que seguir con la campaña 'Yo no como huevos de tortuga', pero también buscar nuevas fuentes de ingresos para las familias que durante muchos años se lucraban del saqueo de los huevos”, dijo en una reciente visita a Chacocente.
Y Marcial Chávez, quien vive en una comunidad vecina que se llama La Chota, piensa que el turismo puede ser la solución.
Marcial es el presidente de la cooperativa de turismo de su comunidad.
Él y los otros 20 socios tienen la convicción de que el turismo ecológico puede ayudarles a resolver sus problemas económicos y contribuir a la preservación de las tortugas.
“Esto tiene futuro. El turismo es la solución para detener la destrucción”, dice entusiasmado, mientras lamenta que la inmensa mayoría de los nicaragüenses no conozcan esta maravilla natural.

La naciente empresa turística, sin embargo, ha enfrentado problemas de acceso por falta de un camino de todo tiempo.
Pero han intentado resolver el problema trasladando en caballo a los turistas desde el empalme de La Chota hasta el albergue ubicado en el refugio.
La cabalgata dura tres horas, a través del bosque que es parte del refugio. Pero esa también es una experiencia sin par.
Después de todo, se trata del bosque seco más grande de centroamérica, que albrega a 276 especies diferentes de fauna.
Y viendo los esfuerzos y sacrificios de Marcial y sus vecinos, recuerdo una vez más el chiste de la creación de Nicaragua y concluyo que esa no tiene por qué ser nuestra realidad.
Arturo Wallace colaboró en la edición de este reportaje, que fue posible gracias al apoyo financiero de la Fundación Böll.
Hay dos caminos para llegar al Refugio de Vida Silvestre Chacocente. Para el primero se debe tomar el desvío a la altura del río Ochomogo, por el kilómetro 75 de la carretera hacia Rivas, y dirigirse hasta la comunidad El Astillero. Con un vehículo de doble tracción es posible llegar al campamento.
La segunda opción pasa por el municipio de Santa Teresa, hasta llegar a la comunidad de La Chota, donde inicia la cabalgata. Te invitamos a conocer esta maravilla de la naturaleza contactando a Marcial Chávez, al 8481 1202.
Ocasionalmente, la Cooperativa de Servicios Turísticos del Refugio de Vida Silvestre Río Escalante Chacocente (COSERTUCHACO) organiza giras saliendo de la terminal de buses de Jinotepe. Para más información se puede escribir a Anna.Hollenbach@ded.de o llamarla al 88397564.
Esta cooperativa también ofrece servicios de alimentación en el refugio. Las tarifas para la temporada 2009 son C$50 el desayuno, C$70 el almuerzo y C$60 la cena.
Probablemente las has visto circulando por Internet, junto a un llamado para no consumir huevos de tortuga.

Lo que tal vez no sabías, sin embargo, es que las fotos corresponden a la playa El Ostional de Costa Rica, y no a su homóloga del pacífico nicaragüense. Y que, contrariamente a lo que se sugiere en el e-mail, las personas que aparecen escabando y llevándose huevos de tortuga no están cometiendo ninguna actividad ilegal.
Efectivamente, en esta playa costarricense funciona un esquema de aprovechamiento de los huevos, aprobado, regulado y controlado por el estado.
Porque como nos explicó el ecólogo Fabio Buitrago, a menudo, las propias tortugas pueden destruir inadvertidamente los huevos desovados durante las primeras arribadas, en lo que los expertos llaman "sobre-excavación".
Y al permitir que los habitantes de las comunidades vecinas aprovechen unos huevos que de otra manera se perderían o sólo aprovecharían a otros depredadores, como aves marinas y cangrejos, este esquema hace de estos pobladores verdaderos aliados de los esfuerzos de conservación.
En el caso nicaragüense, sin embargo, los intentos de implementar esquemas de este tipo han fracasado, pues no existe capacidad para evitar que se salgan de control.
El potencial de abuso es demasiado grande y, además, este tipo de esquemas podría enviar señales contradictorias en un momento en que los esfuerzos por preservar a las tortugas están centrados sobre todo en un llamado ético a dejar de consumir sus huevos.
"Estamos apostando a reducir la demanda de huevos de tortuga" explica Fabio Buitrago, quien además es encargado de comunicaciones del Fondo Natura y el autor de este video:
Así que ya sabés como podés contribuir vos también.
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